El Viernes 27 de Noviembre, a las 18 horas, se realizará en la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Perú 160, Salón Montevideo, un homenaje a Miguel FitzGerald, con motivo de celebrarse el 45º aniversario de su histórico vuelo a nuestras Islas Malvinas.

El 8 de septiembre de 1964, con su pequeño avión Cessna, Fitzgerald voló hacia las islas Malvinas y aterrizó en la pista del hipódromo de Puerto Stanley. Enarboló una bandera argentina, y exigió infructuosamente ser recibido por el gobernador británico, para reclamarle por la soberanía argentina sobre el archipiélago. Luego emitió una protesta y regresó al continente antes de ser atrapado por las fuerzas del orden locales.

Fitzgerald narró así su aventura:

Varias veces hube de desistir de mi intento de volar hasta las Malvinas por diversas circunstancias. Si hubiera anunciado mi intención, declarándola en la hoja de vuelo, no habría sido autorizado a salir. El mismo día que cumplí los treinta y nueve años besé a mi mujer y a mis hijos me encaminé hacia el avión «Cessna 185», cuyos asientos habían sido sustituidos por tanques de combustible y en el que había un equipo de radio y un teléfono. Con provisiones de chocolate y café levanté vuelo hacia Río Gallegos, capital de la provincia de Santa Cruz, siguiendo en seguida y en línea recta hacia el archipiélago malvino, que se halla a quinientos cincuenta kilómetros.

Navegando entre nubes, advertí algunos claros que me permitieron fijar la situación de las islas, orientándome entre la isla Gran Malvina y la isla Soledad cuando vi el canal de San Carlos. La bandera británica ondeaba sobre la residencia del gobernador, mostrándome la dirección de los vientos, cosa que aproveché para aterrizar, después de describir varios círculos sobre la población. Tomé tierra en un campo de carreras de caballos...
Inmediatamente icé la bandera argentina en un poste. Llegaron cinco personas que me preguntaron en inglés si deseaba o necesitaba algo. Les dije que solo queda entregarles un pliego que llevaba destinado al representante del gobierno británico en el archipiélago. Así lo hice. Diez minutos después levanté nuevamente el vuelo para dirigirme a Río Gallegos. Estaba cumplido mi anhelo. Mi vuelo había sido registrado por Gran Bretaña. Si así no hubiera sido, habría tenido que repetirlo, no por animosidad contra el país ocupante sino en defensa de lo argentino. Por otra parte, todo lo tenía previsto; hasta que me hubiesen arrestado. Para esa coyuntura también tenía un plan de fuga en la misma avioneta. Olvidaba decir que el episodio había tenido un curioso prefacio: horas antes de emprender el vuelo, los habitantes de las Malvinas habían escuchado por las principales radioemisoras de Buenos Aires un mensaje que decía:

«Isleños: no se asusten. No les haremos daño. Nuestras fuerzas llegan a la una de la tarde.»

Exactamente a esa hora yo aterrizaba entre ellos.

A su regreso, Fitzgerald fue recibido por una multitud que se había reunido en el aeródromo metropolitano, que lo saludó como a un héroe. Fue sancionado por la Fuerza Aérea Argentina, pero ante las masivas expresiones de apoyo al piloto, el presidente Arturo Illia decidió anular el castigo.

 

Fuentes:
http://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_Fitzgerald
http://elmercuriodigital.es/content/view/12672/126/