Es solo una apreciación personal, como hombre del aire, piloto e instructor de vuelo, quizás compartida por Uds. que están leyendo esto, pero no debe haber satisfacción más grande, que ver disfrutar a alguien de esta pasión por volar.
Es así que el sábado 6 de marzo, fui al Aeroclub de Paraná, como lo hago cotidianamente, sin imaginarme la grata sorpresa que me aguardaba.
Acababa de llegar al club, cuando sonó el teléfono, atendí y desde el otro lado se presento una persona de nombre Sergio Badano, oriundo de la ciudad de Crespo, quien me manifestaba, querer saber detalles sobre los vuelos de bautismo, horarios, costos, disponibilidad, etc. Hasta aquí todo normal y de rutina, salvo por una particularidad, el pasajero iba a ser un señor mayor, que anhelaba volar, ya que había sido su sueño cuando era más joven.
Sin indagar mucho más sobre el tema, le dije que no había problema, qué se arrimaran por el aeroclub para concretar el vuelo; realmente quería conocer a esta persona y a su familia, quienes alentaban estas ansias de volar.
Como a las cuatro de la tarde, se apersonó Sergio (Badano), con quien había charlado por teléfono más temprano, junto con su hermano Daniel, nos presentamos nuevamente y me interiorizaron más sobre el tema del vuelo que pretendían realizara con este señor.
Resulto ser que la persona mayor que deseaba volar, era nada más y nada menos que el papa de ambos, Don Juan Alcides Badano, quien hacía casi cinco décadas había comenzado el curso de vuelo, aquí mismo en el aeroclub Paraná y que por cuestiones personales, nunca pudo culminar con ese sueño………el de ser piloto.
Por todo esto y ante las reminiscencias de vuelo de don Juan; su esposa doña Magda y sus hijos, habían decidido regalarle esta experiencia de volver a volar, y a mí la posibilidad y satisfacción de poder cumplir con ese postergado anhelo.
Luego de ultimar detalles, salimos a la plataforma y allí me presentaron a Don Juan, simpático y amable, de contextura baja, piel morena y una lucidez envidiable para sus jóvenes 82 años, lucidez que iba a corroborar luego durante el vuelo.
Allí me manifestaron su intención de volar hacia crespo y realizar una recorrida de la ciudad, “para verla desde arriba”, dijo Don Juan y sin mediar mayor espera, pedí permiso y me fui a preparar el avión para el vuelo, junto a Pablo Darchez, encargado del club y Aldo Tonina, Piloto, Tesorero y amigos ambos, quienes me dieron una mano para esas lides.
Cuando todo estuvo listo y tras un guiño, se arrimaron al Piper PA-38 Tomahawk, al que Don Juan se trepo con agilidad inusual, acomodándose en el asiento derecho, casi como si lo hubiera hecho decenas de veces antes. Pusimos en marcha el motor y rodamos por el césped, mientras se despedía de su familia, quienes sacaban fotos para recordar el momento, en un sábado realmente hermoso para volar, con apenas una brisa, cielo azul y muy pocas nubes.
Llegamos a la cabecera y tras realizar las comprobaciones de rigor, apliqué potencia al motor y despegamos, una llamada a la torre de Paraná para luego nivelarnos con 1500 pies, proa a Crespo. Allí arriba y más distendido, Don Juan comentó que, en su época había comenzado el curso en un Piper PA-11, y que no se usaba la radio, ya que muy pocos aviones disponían de estos equipos.
Luego de alabar el avión, por su comodidad y silencioso vuelo, decidí que era momento para soltárselo un ratito, para que lo volara, cosa que hizo de muy buena gana. Debo decir, que como instructor estoy acostumbrado a ceder los comandos de la aeronave, ya que es parte del oficio de enseñar a volar, y que a fuerza de ser justo, he visto a muchos dudar en estas instancias, pero con Don Juan no ocurrió esto, al contrario, sereno y seguro piloteó la aeronave, manteniendo rumbo y altura como los mejores, mientras preguntaba por los instrumentos y los valores leídos en ellos, realmente sorprendente!!!
Tras 15 minutos de vuelo, llegamos a Crespo, descendimos un poco y sobrevolamos la ciudad mientras Don Juan miraba azorado “lo grande que estaba su pueblo”. Después de algunas vueltas emprendimos el regreso al aeroclub Paraná, y si bien continuaba entusiasmado con el vuelo y la travesía, en el fondo sabía que ya se venía el final de esa aventura.
Aterrizamos y tras rodar a plataforma, detuve el motor y me apure a bajar del avión con la intención de ir hasta la puerta del lado donde él estaba sentado y ayudarlo a bajar, por las dudas que estuviera algo mareado por el vuelo, pero cuando llegue me di cuenta que ya lo había hecho, sin mediar ayuda de nadie, la verdad un campeón!!!
Nos arrimamos hasta el salón de pilotos y procedí a confeccionarle un diploma de vuelo de bautismo, en este caso 2do. Bautismo, fotografiamos el momento y tras saludarnos se fue con su familia, con ese brillo en los ojos que solo tienen los que disfrutaron de algo con pasión absoluta, algo que solo los que hemos levantado vuelo por placer sentimos en cada despegue.
Realmente un orgullo y un placer inesperado el que me deparó ese sábado de Marzo.
Mis saludos a Ud. Don Juan por su joven espíritu y a su familia por realizarle ese sueño distante en el tiempo, el sueño de VOVER A VOLAR !!!
IV. Marcelo A. Durante
Don Juan, su esposa Magda y su hijo Sergio...

Como hace 50 años...

Para el recuerdo. El Diploma del vuelo.

"...Sospecho que lo que nos hace volar, sea lo que sea, es lo mismo que empuja al marinero a hacerse a la mar. Algunas personas nunca lograrán entenderlo y no se lo podemos explicar. Si tienen el deseo y un corazón abierto podemos mostrárselo, pero decirlo es imposible..." El Don de Volar (Richard Bach)
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